En Sobre la historia natural de la destrucción, Sebald reflexiona sobre las consecuencias universales de la negación del pasado. Sugiere que la reconstrucción (de la Alemania de la posguerra) resultó equivalente a una segunda liquidación, en fases sucesivas, de la propia historia anterior. Impidió de antemano todo recuerdo. Tuve muy presentes estas ideas mientras pensaba y producía el trabajo Bruma. Sintonizan con mis propias ideas sobre la capacidad que tienen las cosas para evocar lo que les ha sucedido. Algo que intenté verificar en cada foto que integra la serie. Esta selección de pinturas (y algunas otras que quedaron en el camino) acompañaron el proceso de producción de Bruma. Ocuparon mi tiempo en el estudio mientras las fotos que fui haciendo fueron macerando su sentido, colgadas como copias de trabajo en las paredes del taller. Las pinturas resultaron una forma de emplear y administrar el tiempo, domando la ansiedad al mismo tiempo que provocaron en el hacer un espacio para pensar. Hay una analogía posible entre las capas de materia aplicadas a la superficie y las capas de historia y sentido que se acumulan en las fotos. Esa superposición de hechos y tiempos aquí se traduce en esas pinturas originales que van quedando sepultadas debajo de las nuevas capas de óleo que se fueron aplicando. Aquellas pinturas quedaron obturadas por lo que vino después, pero aun así, son parte constitutiva de la imagen que terminó resultando suficiente, o en el mejor de los casos, significativa. Esta práctica cotidiana me resulto fundamental para asumir el sentido del trabajo. Con el tiempo, fotos y pinturas terminaron independizándose para encontrar sus propios espacios y momentos en el universo de la obra, pero tienen en común esa misma voluntad: la posibilidad de comprender que es lo que en definitiva hace que una imagen nos resulte suficiente.